Otto Boye, co-editor de CiberAmérica ha venido escribiendo una seríe de post en su blog Aportes al Diálogo sobre las cuatro dimensiones del desarrollo humano. Su conocimiento de la obra de Ken Wilber y de otros pensadores hace de su textos - de sus aportes al diálogo como él los llama - una fuente interesante de reflexión personal.

Los títulos anteriores los pueden encontrar en Aportes al Diálogo, y en CiberAmérica.

Finalmente
podemos, a la luz de lo escrito hasta ahora, hablar con alguna
propiedad, de desarrollo integral. Queda claro de entrada que el
desarrollo no puede ser confundido con el mero crecimiento económico.
Es siempre una parte del mismo, pero no lo es todo, ni mucho menos. Y
esto es importante por lo extendida que se encuentra la idea de que lo
único que importa en un país es la economía. Sin desarrollo social
(pan, techo y abrigo), sin desarrollo cultural (educación), sin
desarrollo personal (realización individual, felicidad interior) y sin
desarrollo físico sano (salud pública) de todos los habitantes de un
país no se podrá hablar de desarrollo integral y, para mí al menos, de
pleno y verdadero desarrollo. De este modo, la búsqueda del desarrollo
integral, único verdaderamente acorde con una visión que coloca en el
centro de sus preocupaciones a la persona humana, sin exclusión alguna,
es la tarea que tenemos por delante. Si la meta final es una sociedad
solidaria y fraterna, el desarrollo integral es el camino, o sea, uno
que no descuide en ningún instante todos los aspectos del desarrollo de
las personas, de cada una y de todas las personas. Aquí ya puedo decir
que esta visión puede ser sostenida como propia por todos los
humanistas de esta tierra. Para mí, además, esta es la forma en que
entiendo hoy un humanismo integral. En sucesivos artículos breves
tratamos este tema, precisando cuatro dimensiones suyas que
generalmente se desconocen o se tratan por separado. No hemos llegado
al final, en todo caso. Hay muchos otros aspectos a considerar. Pero
eso será materia de otra serie.